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Revisión da problemática

La permuta como instrumento para reducir la fragmentación

Fragmentación: concepto

Desde hace décadas, una elevada fragmentación de los sistemas de propiedad de la tierra se tiene considerado un impedimento de grande importancia para el desarrollo de un sector agrario potente (Binns, 1950). En la bibliografía reciente existen numerosos trabajos que establecen una relación entre la fragmentación de la propiedad y problemas de gestión de las explotaciones agrarias (p.ej. Rahman e Rahman, 2009; Manjunatha et al., 2013; Latruffe e Piet, 2014; Orea et al., 2015), o de las explotaciones forestales (Rendenieks et al., 2015; Kilgore e Snyder, 2016). En todo caso, este tipo de relaciones deben ser examinadas con atención a los casos particulares, dado que también existen ejemplos en los que no fue posible establecer un vínculo entre una mayor fragmentación y una menor eficiencia de las actividades productivas (Deininger et al., 2012). Por otra parte, algunos autores tienen resaltado el interés que las propiedades de pequeña dimensión ‐particularmente de las propiedades forestales‐ tienen para la conservación de la biodiversidad (Schaich e Plieninger, 2013). Como resultado, hoy en día se acepta, de manera general, que la reducción de la fragmentación no debe ser siempre un objetivo de las políticas públicas sino en varias situaciones particulares: cuando esta se propaga al sistema de uso de la tierra y resulta en un alto grado de fragmentación de la utilización; cuando las parcelas resultantes son demasiado pequeñas para ser cultivadas de manera viable; o cuando las parcelas resultantes de cada explotación están muy alejadas entre si (FAO, 2003; Hartvigsen, 2014).

Siguiendo a van Dijk (2003) podemos decir que existen cuatro interpretaciones posibles del concepto de fragmentación, que no son excluyentes entre si: que exista un elevado número de propietarios; que exista un elevado número de agricultores o silvicultores; que no exista solape entre los dos grupos citados; y que existan muchas más parcelas que agricultores o silvicultores. Cada combinación posible de las anteriores resulta una situación diferente que tiene distintas implicaciones de tipo ambiental, social y económico, por lo que no deberían ser tratadas de igual modo. La concentración parcelaria, un proceso en el que varias parcelas de un mismo propietario se combinan para formar un número menor de parcelas de mayor tamaño (FAO, 2003; Pasakarnis e Maliene, 2010; Pasakarnis et al., 2013; Lisec et al., 2014), solamente es útil en uno de estos casos (cuando el número de parcelas por propietario es muy alto) pero no permite reducir la fragmentación en otras situaciones (básicamente porque no reduce el número de propietarios).

 

La concentración parcelaria: ventajas y problemas

Pese a su carácter central en las políticas públicas de gestión de tierras en muchos países, los procesos de concentración parcelaria fueron objeto de importantes críticas por sus consecuencias de tipo social o ambiental (p.ej. Crecente et al., 2002; Lisec et al., 2014; Kupidura et al., 2014). Se trata, por otra parte, de procesos de elevado coste económico que demandan tiempos considerables: Lisec et al. (2014) mencionan 4‐5 años de duración media; Crecente et al. (2002) afirman que pueden llegar a los 10 anos. En todo caso, continúa siendo un instrumento que recibe considerable atención en diferentes partes del mundo, como se acredita por su elevado volumen de bibliografía reciente que se produce sobre el tema (p.ej. Cay e Iscan, 2011; Demetriou et al., 2012; Martínez et al., 2013; Borgwardt et al., 2014; Kupidura et al., 2014; Lisec et al., 2014; Uyan et al., 2015; Haldrup, 2015; Guanghui et al., 2015; Yan et al., 2015; Abubakari et al., 2016; Muchová et al., 2016).

Por otra parte, es un hecho documentado en la bibliografía que los agricultores y silvicultores tienden a adoptar, por si mismos, mecanismos que les permitan reducir la fragmentación de sus propiedades o de las tierras que manejan. Normalmente se emplea una combinación de compra y alquiler que en algunos casos permite formar unidades de cultivo suficientemente grandes (Vranken e Swinnen, 2006; Sklenicka et al., 2014). Por lo tanto, parece razonable que las políticas públicas de reforma de las estructuras agrarias traten de complementar la concentración parcelaria con otros instrumentos más flexibles y fácilmente adaptables a otros contextos, como por ejemplo el uso de bancos de tierras, o la permuta voluntaria de parcelas o de uso entre diferentes propietarios o agricultores/silvicultores, en un esfuerzo por reorientar su actividad hacia mecanismos más próximos a la comunidad (van Dijk e Kopeva, 2006; Sikor et al., 2009; Sikor e Müller, 2009).

La permuta entre múltiples participantes

La permuta de propiedad o de uso entre múltiples participantes es un sistema empleado en diferentes países, bien en forma de acuerdos formales o como acuerdos temporales de carácter informal. En algunos casos, la superficie transferida anualmente a través de este tipo de acuerdos puede igualar o mismo superar a la superficie transferida mediante compraventa (man Hui et al., 2014), y en otros casos el sector público participa activamente (Segers et al., 2010; Hiironen e Niukkanen, 2014). Los beneficios potenciales asociados ‐en términos de reducción de la fragmentación‐, aumentan con el número de participantes y con el número de parcelas totales introducidas en el proceso, pero esto supone también que el número de combinaciones posibles que es necesario evaluar crece de manera muy rápida (Borgwardt et al., 2014). El uso de un sistema manual para calcular la combinación más ajustada queda rápidamente descartado, y resulta necesario utilizar métodos de cálculo habituales en la resolución de problemas de gran tamaño. Los algoritmos heurísticos parecen una buena opción, e dentro de ellos los algoritmos genéticos.

Métodos para obtener soluciones: algoritmos genéticos

Un algoritmo genético es un método de solución de problemas que imita el funcionamiento de la evolución natural, de donde toman su nombre. Su funcionamiento comprende, básicamente, cuatro fases: se produce una población inicial de soluciones (en este caso, diferentes soluciones de permuta); cada una se evalúa de acuerdo con una función de aptitud (por ejemplo, la distancia media entre las parcelas); las mejores soluciones de entre el conjunto inicial se utiliza a continuación para producir una nueva generación de soluciones posibles; y el ciclo se repite hasta que se cumple con algún criterio de parada. En general, se trata de algoritmos bien conocidos y que han sido utilizados con anterioridad en muchos casos relacionados con la administración de tierras o la ordenación territorial como, por ejemplo, la asignación de usos del suelo (Stewart et al., 2004; Aerts et al., 2005; Kai et al., 2009; Zhang et al., 2010; Suárez et al., 2011; Porta et al., 2013b; Stewart e Janssen, 2014; Liu et al., 2015), la delimitación automática de núcleos de población (Porta et al., 2013a), la planificación de espacios verdes (Balling et al., 1999; Xibao et al., 2006; Xin y Zhi‐xia, 2008; Vallejo et al., 2015), o la asignación de parcelas dentro de la concentración parcelaria (Akkus et al., 2012; Demetriou et al., 2012; Uyan et al., 2015).

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